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Julio es un joven estudiante de literatura, que ve el mundo como si fuese una imagen poética de Shakespeare, denotando cierta pasión por las inquietudes de la vida. Se levanta en la mañana con sus ideales en alta y se acuesta por las noches con aquellas preguntas que aparecen en las coyunturas del andar. Suele deleitarse con el aroma del café en las mañanas, aprecia la simplicidad y se asombra del mundo cotidiano.
La humedad en el aire se hacía notar en cada respiro, se podía sentir la densidad y el peso del aire en las inhalaciones, todo era pesado en esas circunstancias. Julio sostenía en su mente, mientras caminaba hacia su trabajo, que los días grises avasallan los sentimientos de las personas subyugando las razones de sus vidas.
Todos se pierden en ese abismo melancólico, entre las cortinas de lluvias, como si fuesen enormes telas que los rodean, cubren y desorientan en un oscuro ambiente con olor a viejo o humedad en la pana. Y Julio, que se pierde en este pensamiento.
Quizás sean lágrimas de un gigante, que se tropezó con el amor y se lastimó o la imagen de un dios que se derritió con el calor del Sol, su propia creación. En polvo te conviertes con su extensa ausencia y te ahogas con su severa presencia. Estuvo aquí y en aquella tierra, y quién sabe por dónde más. No es sólo lluvia, es un poco más.
2 comentarios:
Muy, muy bueno.
Saludos.
Escribes genial...
No es sólo un texto, es algo más...
Besos
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